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viernes, 27 de febrero de 2026

EL 23-F NO EMPEZÓ EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS





EL 23-F NO EMPEZÓ EN EL CONGRESO
Rafael Hernández
Lo que pasó aquel 23 de febrero de 1981 no fue un impulso ni un arrebato aislado. Fue un intento deliberado de frenar la democracia que estaba avanzando.
Cuando el teniente coronel Antonio Tejero entró armado en el Congreso durante el golpe del 23-F sabía perfectamente lo que estaba haciendo.
Actuaba en nombre de sectores del Estado que jamás aceptaron romper con el franquismo.
La Constitución Española, la descentralización, la legalización del Partido Comunista de España, los cambios sociales… todo era una amenaza para ellos.
El golpe no surgió de la nada. Se apoyó en la crisis económica, la tensión política y un Estado que mostraba grietas. Además, los golpistas provocaron disturbios y mucha violencia en las calles, causando centenares de muertos y heridos, para crear una sensación de caos que justificara su golpe.
Fracasaron. La Democracia resistió.
Pero recordar el 23F no es nostalgia ni relato de heroísmo. Es una advertencia.
Hoy, España es una democracia, sí, pero con muchas carencias. No podemos ignorar que aún hay fuerzas que quieren regresar al pasado y socavarla.
La extrema derecha no viene con uniformes ni pistolas. Viene con mentiras, bulos, discursos que desgastan instituciones y normalizan la idea de que las reglas solo valen si me favorecen.
Viene cuando los políticos prometen y no cumplen.
Viene cuando se banaliza la autoridad de la ley.
Viene cuando nos cansamos de exigir coherencia.
Hoy no es 1981: ya no hay militares en el Congreso, pero la democracia sigue en riesgo, los riesgos son claros: la desinformación crece, se tolera abiertamente el odio y la democracia se erosiona sin que nos demos cuenta.
Si no lo vemos, si no lo enfrentamos, nadie lo hará por nosotros.
La democracia se defiende cada día, con hechos, con la voz en la calle y con compromiso en lo cotidiano.
También en lo que decimos, en lo que aceptamos, en lo que toleramos de quienes nos rodean.
Y aquí es donde todos debemos preguntarnos:
- ¿Estamos yendo a votar y participando en las decisiones de lo que pasa en nuestra ciudad o dejamos que otros lo hagan por nosotros?
- ¿Estamos pidiendo cuentas a los políticos, aunque sean los “nuestros”?
- ¿Nos paramos a comprobar si lo que leemos o compartimos es verdad, o soltamos cualquier bulo?
- ¿Defendemos la justicia y las reglas aunque no nos favorezcan?
- ¿Hablamos con respeto, enseñamos civismo y no dejamos que el odio se normalice?
Si no actuamos, nadie más lo hará por nosotros

No es tarde, pero tampoco podemos esperar. La democracia depende de nuestra acción: en la calle, en los votos, en cada decisión cotidiana. 


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