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APOSTATAR



¿Qué es la apostasía y cómo puedo reconocerla?






Pregunta: "¿Qué es la apostasía y cómo puedo reconocerla?"

Respuesta: La apostasía, de la palabra griega apostasía, significa "un desafío de un sistema establecido o autoridad; una rebelión; un abandono o abuso de fe". En el mundo del 1º siglo, la apostasía era un término técnico para la revuelta política o deserción. Y al igual que en el primer siglo, la apostasía amenaza el cuerpo de Cristo hoy.

La Biblia advierte acerca de personas como Arrio (c. 250-336 D.C.), un sacerdote cristiano de Alejandría, Egipto, que fue entrenado en Antioquía a comienzos del cuarto siglo. Acerca de 318 D.C., Arrio acusó a Alejandro obispo de Alejandría de suscribirse al Sabelianismo, una falsa enseñanza que afirmó que el Padre, Hijo y Espíritu Santo eran simplemente roles o modos asumidos por Dios en varias ocasiones. Arrio determinó hacer hincapié en la unicidad de Dios; sin embargo, fue demasiado lejos en su enseñanza de la naturaleza de Dios. Arrio negó la Trinidad y presentó lo que pareció ser en la superficie una diferencia insignificante entre el Padre y el Hijo.

Arrio argumentó que Jesús no era homoousios (de la misma esencia) como el Padre, pero era homoiousios (de esencia similar). Solamente una letra griega – la iota (i) – separó los dos. Arrio describió su posición de esta manera: "El Padre existió antes que el Hijo. Hubo un tiempo cuando el Hijo no existía. Por lo tanto, el Hijo fue creado por el Padre. Por lo tanto, aunque el Hijo era el más alto de todas las criaturas, no era de la esencia de Dios."

Arrio fue muy astuto e hizo lo mejor para llevar a la gente a su lado, incluso yendo tan lejos como para componer una canción que enseñó su teología, la cual él trató de enseñar a todos los que le escucharían. Su naturaleza encantadora, su posición reverenciada como un predicador y como quien vivía en la negación de sí mismo, contribuyeron también a su causa.

Es crítico que todos los cristianos entiendan dos cosas importantes: (1) Cómo reconocer la apostasía y maestros apóstatas; y (2) por qué la enseñanza apóstata es tan letal.

Las Formas de la Apostasía 

Para identificar y combatir completamente la apostasía, es importante que los cristianos entiendan sus diversas formas y los rasgos que caracterizan sus doctrinas y maestros. En cuanto a las formas de la apostasía, hay dos tipos principales: (1) alejándose de las doctrinas claves y verdaderas de la Biblia a las enseñanzas heréticas que proclaman ser la doctrina cristiana "real"; y (2) una renuncia completa a la fe cristiana, que resulta en un abandono completo de Cristo.

Arrio representa la primera forma de apostasía — una negación de verdades cristianas fundamentales (como por ejemplo, la divinidad de Cristo) que comienza un descenso hacia una desviación completa de la fe, que es la segunda forma de apostasía. La segunda forma casi siempre comienza con la primera. Una creencia herética se convierte en una enseñanza herética que se divide y crece hasta contaminar todos los aspectos de la fe de una persona, y entonces se logra la meta de Satanás, que es un total alejamiento del Cristianismo.

Un ejemplo reciente de este proceso es un estudio de 2010 realizado por el prominente ateo Daniel Dennett y Linda LaScola llamado "Predicadores Que No Son Creyentes." El trabajo de Dennett y LaScola relata la historia de cinco diferentes predicadores que con el tiempo fueron presentados con y aceptaron enseñanzas heréticas sobre el Cristianismo y ahora se han alejado totalmente de la fe y son o panteístas o ateos clandestinos. Una de las verdades más inquietantes destacadas en el estudio es que estos predicadores mantienen su posición como pastores de iglesias cristianas con sus congregaciones inconscientes del verdadero estado espiritual de su líder.

Se advirtió sobre los peligros de la apostasía en el libro de Judas, que sirve como un manual para entender las características de los apóstatas como los narrados en el estudio de Dennett y LaScola. Las palabras de Judas son tan relevantes para nosotros hoy como lo fueron cuando Judas las escribió en el primer siglo, así es importante leer y entenderlas cuidadosamente.


Las Características de la Apostasía y de los Apóstatas

Judas era el hermanastro de Jesús y un líder en la iglesia primitiva. En su carta del Nuevo Testamento, él describe cómo reconocer la apostasía e insta encarecidamente a ésos en el cuerpo de Cristo a contender ardientemente por la fe (vs. 3). La palabra griega traducida "contendáis ardientemente" es un verbo compuesto del cual obtenemos la palabra "agonizar". Significa que la lucha será continua. En otras palabras, Judas nos está diciendo que va a haber una lucha constante contra falsas enseñanzas y que los cristianos deben tomarlo tan en serio que "agonizamos" sobre la lucha en que estamos inmersos. Por otra parte, Judas aclara que todo cristiano está llamado a esta lucha, no sólo los líderes del cuerpo local, así que es fundamental que todos los creyentes afilen sus habilidades de discernimiento para que puedan reconocer y prevenir la apostasía en medio de ellos.

Después de instar a sus lectores a contender ardientemente por la fe, luego Judas destaca la razón: "Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" (vs. 4). En este versículo, Judas proporciona a los cristianos tres características de la apostasía y de los maestros apóstatas.

En primer lugar, Judas dice que la apostasía puede ser sutil. Judas utiliza la frase "han entrado encubiertamente" (que no aparece en ningún otro libro de la Biblia) para describir la entrada de los apóstatas en la iglesia. En el griego extra-bíblico, el término describe la astucia de un abogado que, a través de una argumentación inteligente, se infiltra en las mentes de los funcionarios del Tribunal y corrompe su pensamiento. La palabra significa literalmente "entrar de lado; entrar furtivamente; difícil de detectar". En otras palabras, Judas dice que es raro que la apostasía comience de una manera abierta y fácilmente detectable. En cambio, se parece mucho a la predicación de Arrio en la cual solamente una sola letra distingue su doctrina de la verdadera enseñanza de la fe cristiana.

Describiendo este aspecto de la apostasía y su peligro subyacente, A. W. Tozer escribió: “Tan hábil es el error en imitar la verdad, que los dos son constantemente confundidos uno por otro. Se necesita gran discernimiento en estos días para saber cuál de los hermanos es Caín y cuál es Abel." El apóstol Paul también habla del comportamiento exterior agradable de los apóstatas y sus enseñanzas: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11:13-14). En otras palabras, los apóstatas no parecerán malos en el exterior ni dirán palabras dramáticas de herejía al comienzo de su enseñanza. En lugar de negar la verdad absolutamente, los apóstatas la torcerán para caber en su propia agenda, pero, como ha observado el Pastor R. C. Lensky, "Las peores formas de iniquidad consisten en las perversiones de la verdad".

En segundo lugar, Judas describe a los apóstatas como "impíos" y aquellos que usan la gracia de Dios como una licencia para cometer actos injustos. Comenzando con "impíos", Judas enumera dieciocho rasgos poco favorecedores de los apóstatas para que sus lectores puedan identificarlos más fácilmente. Judas dice que los apóstatas son impíos (vs. 4), moralmente pervertidos (vs. 4), niegan a Cristo (vs. 4), mancillan la carne (vs. 8), son rebeldes (vs. 8), gente que blasfema a los ángeles (vs. 8), son ignorantes de Dios (vs. 8), proclaman visiones falsas (vs. 10), autodestructivos (vs. 10), murmuradores (vs. 16), criticones (vs. 16), andan según sus propios deseos (vs. 16), personas que usan palabras arrogantes y adulaciones falsas (vs. 16), burladores de Dios (vs. 18), los que causan divisiones (vs. 19), sensuales (vs. 19) y finalmente (y no es de extrañar), carentes del Espíritu (vs. 19).

En tercer lugar, Judas dice que los apóstatas "niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo" (Vs. 4) ¿Cómo hacen esto los apóstatas? Pablo nos dice en su carta a Tito: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.” (Tito 1:15-16). A través de su comportamiento injusto, los apóstatas muestran a su verdadero ser. A diferencia de un apóstata, un verdadero creyente es alguien que ha sido liberado del pecado a la justicia en Cristo. “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?" (Romanos 6:1-2)

Pero la falsa enseñanza de los apóstatas muestra también su verdadera naturaleza. Pedro dice, "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina." (2 Pedro 2:1). Los verdaderos creyentes han sido liberados de la oscuridad espiritual a la luz (Efesios 5:8) y por lo tanto no negarán las verdades fundamentales de la Escritura como lo hizo Arrio con la divinidad de Jesús.

Finalmente, el signo de un apóstata es que eventualmente decae y se aparta de la verdad de la Palabra de Dios y Su justicia. El apóstol Juan indica que esto es una marca de un creyente falso: "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros" (1 Juan 2:19).

Ideas Tienen Consecuencias

Dios toma en serio la apostasía y la falsa enseñanza. Cada libro del Nuevo Testamento excepto Filemón contiene advertencias acerca de la falsa enseñanza. ¿Por qué es esto? Simplemente porque las ideas tienen consecuencias. Pensar bien y su fruto produce virtud, mientras que pensar mal y su acción acompañante resulta en penalidades no deseadas. Por ejemplo, los campos de exterminio camboyano de los años setenta fueron el producto de la cosmovisión nihilista de Jean Paul Sartre y su enseñanza. El líder de los Jemeres Rojos Pol Pot vivió la filosofía de Sartre hacia el pueblo de una manera clara y aterradora, que fue articulada de esta manera: "Protegerte no es ningún beneficio. Destruirte no es ninguna pérdida."

Debe recordarse que Satanás no vino a la primera pareja en el Jardín con un armamento externo o arma sobrenatural, pero en cambio llegó a ellos con una idea. Y fue esa idea que les condenó a ellos y al resto de la humanidad, con el único remedio siendo la muerte sacrificial del Hijo de Dios.

La gran tragedia es que, si a sabiendas o sin saberlo, el maestro apóstata condena a sus incautos seguidores. Uno de los versos más temibles en todas las Escrituras proviene de los labios de Jesús. Hablando a Sus discípulos acerca de los líderes religiosos de su época, dijo, "Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo." (Mateo 15:14). Jesús afirma que no son sólo los falsos maestros que van a la destrucción, pero sus discípulos les siguen también. El filósofo cristiano Soren Kierkegaard lo expresó de esta manera: "Porque nunca se ha sabido fallar que un necio, cuando se va por un mal camino, lleva a varios otros con él".

Conclusión

En 325 D.C., el Concilio de Nicea se convocó principalmente para retomar el tema de Arrio y su enseñanza. Mucho a la consternación de Arrio, el resultado fue su excomunión y una declaración hecha en el credo Niceno que afirma la divinidad de Cristo: "Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible. Creo en un Solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho.”

Arrio pudo haber muerto hace siglos, pero sus hijos espirituales están todavía con nosotros hasta este día en la forma de sectas como los Testigos de Jehová y otros que niegan la verdadera esencia y persona de Cristo. Lamentablemente, hasta que Cristo regrese y cada enemigo espiritual haya sido removido, la cizaña como estos estarán presentes entre el trigo (Mateo 13:24-30). De hecho, la Escritura dice que la apostasía va a empeorar cuando se acerca el retorno de Cristo. En aquel momento [los últimos días] “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán." (Mateo 24:10). Pablo les dijo a los Tesalonicenses que una gran apostasía precedería la segunda venida de Cristo (2 Tesalonicenses 2:3) y que el fin de los tiempos se caracterizaría por tribulación y charlatanes religiosos huecos: "en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres… que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita."(2 Timoteo 3:1-2,5).

Esto siendo verdad, es crítico, ahora más que nunca, que cada creyente ora por discernimiento, combata la apostasía y contienda ardientemente por la fe que ha sido entregada una vez por todas a los Santos.

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Juliano el Apóstata, el último emperador pagano





La leyenda negra de Juliano II, apodado el Apóstata, le condenó durante muchos años al ostracismo y el olvido, como el último emperador pagano de Roma. La realidad histórica es muy diferente. Salvado a última hora de morir a manos de sus primos mayores en una sangrienta masacre fratricida, Juliano se convirtió con los años en filósofo sobresaliente, gran administrador y aguerrido militar. Como liberal y deudor del pasado glorioso de la Roma clásica intentó restaurar el esplendor romano en su breve reinado, primero como César y finalmente como único emperador, permitiendo de nuevo la libertad de culto y reduciendo los privilegios que había adquirido el clero cristiano con Constantino. Esta política religiosa liberal le acabaría costando muy cara.

La relación entre el Cristianismo y el Imperio da inicio tradicionalmente en el año 313, cuando en el contexto de luchas internas tras el fin del sistema tetrártico, los Augustos Constantino y Licinio firman el famoso edicto de Milán, un decreto de tolerancia con los cristianos. La principal finalidad de esta medida era quitarse de encima al tercer Augusto, Maximino Daya, ferviente pagano.
En el año anterior, Constantino había conseguido una victoria mítica ante Majencio, otro de los Augustos, junto al Puente Milvio. La tradición cristiana atribuyó este éxito militar al hecho de que Cristiano mandó grabar, antes de la batalla, el símbolo de la cruz en los escudos de los cristianos. La realidad es que Constantino  no era aún cristiano y que tal signo sólo pudo tener para él un simple carácter mágico.
Despejado el terreno de candidatos augustos, la lucha final por el Imperio se desarrolló desde el 313 hasta el 326, entre Licinio y Constantino, quien, no muy cristianamente, mandó ejecutar a Licinio y a su hijo Liciniano.

Constantino quedaba finalmente como único emperador y las posiciones del cristianismo se fueron consolidando. Pero lo cierto es que tanto los sectores más cultos de la sociedad, como la mayoría de la población urbana, y sobre todo rural, practicaban el paganismo monoteísta. El Sol Invicto, tan importante para el desarrollo de las futuras prácticas cristianas, era el Dios del Imperio y a él se dedicaron los rituales en la inauguración de la nueva capital, Constantinopla. La ambigüedad religiosa de Constantino, totalmente calculada, le permitía mantener buenas relaciones con el obispo Osio de Córdoba y a la vez con los filósofos neoplatónicos, férreos enemigos de los cristianos. Tanto las monedas que acuñó como su arco triunfal seguían ateniéndose a las clásicas referencias paganas.


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De todos modos, más allá de las dudas sobre la veracidad de la cristianidad de Constantino, no hay duda de que contribuyó a la cristianización del Imperio con sus medidas. Favoreció durante su reinado a la incipiente Iglesia Cristiana, con edictos tan importantes como el de 319 que liberaba a las iglesias de pagar impuestos por sus bienes (¿les suena de algo?, o el de 321 que permitía la manumisión de esclavos en el interior de las iglesias, y con donaciones directas para la restauración o construcción de nuevas iglesias. En sus últimos años incluso abandonó el título de Invicto y se involucró personalmente en las luchas doctrinales convocando y presidiendo el concilio de Nicea del 325, punto de inicio de la ruptura teológica entre cristianos y arrianos.
Constantino murió el 22 de mayo del 337 en Nicomedia y su intención era perpetuar su legado dejando a los mandos de su Imperio a sus hijos Constantino II, Constancio II y Constante y su sobrino Dalmacio. La realidad fue más distinta y a partir de entonces empezó una matanza fratricida dirigida por los hijos de Constantino de la que apenas quedaron con vida los dos hijos de Julio Constancio, uno de los hermanastros de Constantino, Galo y Juliano. Los hijos de Constantino no tardaron en enzarzarse en nuevas guerras fratricidas hasta quedar únicamente Constancio II como único emperador. Pese a las luchas por el poder, los tres hermanos sí que tuvieron un objetivo claro, acabar con el paganismo que seguía siendo mayoritario entre los senadores, especialmente occidentales. Se ordenó el cierre de templos y se prohibieron rituales públicos paganos además de seguir ampliando las grandes privilegios para el clero cristiano.
Ya como único emperador Constancio II se vio obligado a desplazarse en el 355 a Oriente para frenar la presión de los persas sobre la frontera. En ese momento para atender el conflictivo occidente frente la presión de los alamanes, Constancio recuperó al marginado Juliano como César, no sin antes haberle rodeado de sus hombres de confianza y espías para vigilar sus acciones.
Pese a todos los inconvenientes y con todas las condiciones en contra, Juliano demostró una  gran avidez militar que le granjeó numerosas victorias, y sobre todo, las simpatías del ejército por su trato humano a las tropas. Éstos le proclamaron Augusto en el 360 con lo que Constancio no tuvo más remedio que iniciar una preparación de una gran campaña de castigo con el usurpador. Pero antes de poder emprender la marcha Constancio II enfermó y murió poco después dejando a Juliano como emperador.
Juliano había salvado la vida a los 6 años como trato de favor de Constancio II, que ordenó asesinar a toda su familia. Desde entonces quedó recluido y vigilado en Constantinopla donde recibió una educación cristiana. No fue hasta el 355 cuando se le permitió completar su formación en las escuelas de retórica y filosofía de Atenas, donde se iniciaría en los misterios de Eulensis, uno de los grandes cultos paganos de la época de esplendor del Imperio.
Su forma de gobierno fue revolucionaria, rompiendo radicalmente con la tradición constantina. Redujo considerablemente los gastos del aparato burocrático imperial, eliminando servicios superfluos y lujos del costoso ceremonial de la corte, y limitando el número exagerado de notarios y agentes in rebus, el gravoso sistema de espías potenciado por Constantino.

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Dentro de estas medidas que aligeraban la presión fiscal sobre el conjunto de la población, Juliano suprimió los privilegios que habían ido acumulando el clero cristiano y otros miembros de las altas capas de la sociedad. Este hecho le granjeó la enemistad de historiadores cristianos contemporáneos como Gregorio Nacianceno, y sobre todo, de posteriores que construyeron el mito del terrible emperador pagano.
La realidad es que la conversión al paganismo de Juliano, el Apóstata, hay que inscribirla en el contexto de su época. El emperador filósofo abrazó ya de adulto el paganismo monoteísta dominante en la época, configurado como resultado de la confluencia ideológica del neoplatonismo, de la difusión de las difusiones orientales y otras tendencias monoteístas, como el mismo cristianismo. Este paganismo monoteísta no distaba demasiado del cristianismo e incluso la moral cristiana estaba impregnada por la moral pagana y con el tiempo recogió muchos de sus símbolos y rituales. La divinidad suprema y el Sol eran presentados de manera similar en ambas religiones, como la relación entre Dios Padre y el Hijo. Mientras los “daimones”  paganos ejercían de equivalentes a los dioses del panteón greco-romano, el cristianismo los fue sustituyendo por mártires y santos.


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Ante todo Juliano fue un liberal en la más clara tradición romana clásica. El eje de su política religiosa fue la tolerancia y la libertad de credo. Si bien es cierto que redujo los privilegios de los cristianos, también intentó mantener la paz entre cristianos arrianos y seguidores del credo de Nicea convocando una reunión de obispos en Constantinopla. Lo que hizo fue igualar en derechos y privilegios a todas las religiones y volver a abrir al culto los templos paganos y permitir la celebración de rituales paganos públicos que había prohibido Constancio II.
Más que prohibir, Juliano liberalizó religiosamente el Imperio y esto mismo le convirtió en diana preferida de una comunidad cristiana cada más más dogmática y radicalizada, acomodada en unos privilegios que tras la muerte de Juliano perpetuaría, en algunos casos, hasta nuestros días. La actitud cristiana llevó a Juliano a tomar decisiones más enérgicas que afectaban directamente a los cristianos, como una ley aprobada en el 362 por la que los profesores de gramática, filosofía y retórica, debían recibir la conformidad docente del poder imperial antes de ejercer para asegurarse que mantenían el respeto por la cultura clásica. Además de reprimir a obispos fanáticos como Marcos de Aretusa, condenado a reconstruir el templo pagano que había destruido.
Juliano murió en combate en la primavera del 363 cuando dirigía personalmente un ejército de más de 65.000 hombres en su guerra contra los persas. La historiografía cristiana lo condenaría definitivamente como el último emperador pagano. La realidad fue muy distinta y lo cierto es que su sucesor en occidente Valentiniano I siguió con la libertad de culto que instauró Juliano y permitió un nuevo florecimiento del paganismo en los medios cultos de Occidente y el retorno a los autores clásicos. La presión del más cristianizado y pujante oriente imperial acabaría decantando la balanza hacía el cristianismo con el devenir de los años y haciendo caer en el olvido al denominado “último emperador pagano”.
Quede como corolario final esta frase del conocido poeta cristiano, contemporáneo de Juliano, Prudencio: “Juliano fue un jefe de armas valeroso, un legislador, célebre por sus discursos y por sus actos, alguien que se preocupó por el bienestar de su país, pero no por mantener la religión verdadera”.
Bibliografía:
  • Historia Universal: Edad Antigua. Roma“, Julio Mangas (Vicens Vives, 2006)
  • Historia de la cristandad“, Diarmand Mac Culloch (Debate, 2011)

JULIANO EL APÓSTATA

Editor: Pedro Taracena Gil


APÓSTATAS



SAN PEDRO DE ROMA


Los españoles de mi generación hemos vivido la dictadura, el nacionalcatolicismo, la alianza trono-altar, el maridaje Iglesia-Estado, la Transición donde la Constitución tímidamente se declara aconfesional, pero los Acuerdos entre el Reino de España y la Santa Sede, contrarios a la Carta Magma, han dejado intactos los privilegios de la Iglesia, tal y como los concedió Franco. En agradecimiento a que la Iglesia fuera cómplice de los crímenes de la dictadura y arte y parte en el genocidio.  
España ha perdido el tren de la Historia desde tiempos inmemoriales. Pero sí podemos analizar qué eventos y qué hitos de Europa han sido ajenos a España. La Reforma Protestante de Lutero ha dado lugar a los países más ricos y avanzados del mundo. El Renacimiento llegó 100 años más tarde que en Italia. El progreso vino cuando Dios dejó de ser el centro del universo, lugar que ocupó el Hombre. El siglo XVIII, siglo de Las Luces, entronizó la Ilustración. Es decir el imperio de la Razón. Las monarquías absolutistas dieron paso a los parlamentos. La Revolución Francesa estableció Los derechos del hombre y del ciudadano. Los estados se declararon laicos y la Iglesia separada del Estado. En España la República vino a homologarse con la Europa de entonces. Pero la dictadura nos hizo retroceder medio siglo y la Monarquía tutelada por el franquismo sigue sin aprobar ni una de las asignaturas que son viejas en Europa. 
Ya en democracia la Iglesia sigue siendo hegemónica en materia de religión, educación, moral y buenas costumbres. Y cuando se ha planteado que los ciudadanos tenían el derecho de borrarse del fichero de los bautizados, los obispos han puesto muchas pegas para que la España católica siguiera siéndolo al menos sobre los archivos, fiel seguidora de Roma. Una vez establecido el cauce legal y civil, el objetivo de los que aspirábamos a no estar en una burocracia que negábamos por anticristiana y ajena a la democracia, ya no tiene sentido ceder a sus circuitos legales porque eso sería reconocer su existencia y legitimidad.
Mi planteamiento personal es el siguiente: Soy un ciudadano que he nacido bajo la influencia judeocristiana. He recibido los sacramentos y he seguido el calendario litúrgico, tanto en la Escuela como en la sociedad donde me ha tocado vivir. Cuando fui adulto y utilicé mi razón me deseduqué del adoctrinamiento y soy un hombre laico; rechazando todo aquello que venga impuesto por una deidad. Respeto a las personas pero no las ideas que no se puedan razonar. Ante este planteamiento, ya no tiene ninguna importancia que yo esté en un fichero como puedo estar en el fichero de cuando jugaba al fútbol con 10 años. Es evidente que no renuncio a los valores morales y culturales que la civilización occidental nos ha proporcionado. No obstante mi BLOG APÓSTATAS seguirá vivo. Gracias a todos los internautas que se asoman a él.
Pedro Taracena Gil



Foto: Pedro Taracena Gil

LA ILUSTRACIÓN

La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor par a servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! : he aquí el lema de la ilustración.

Immanuel Kant



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