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domingo, 9 de enero de 2011

IGLESIA Y UNIVERSIDAD A LOS PIES DE FRANCO

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Manuel Montilla Molina exprofesor y periodista


Notas de prensa PÚBLICO:



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EL MATRIMONIO DEL OBISPO

Eunuco episcopal por el reino de los cielos
Juan Antonio Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, está derivando en el más difícil todavía, utilizado en el arte circense; atacando el matrimonio civil y constitucional, comparándolo con un contrato de teléfono móvil. Es muy difícil que en el resto de Europa, un obispo increpe y desafíe en estos términos al Estado y la sociedad. Mucho más suave es la Iglesia con los pecados de Berlusconi. Pero también es verdad que cuando en Europa surgió la Reforma, España capitaneó la contra-reforma. Y después de consumarse la alianza trono-altar durante siglos, la Iglesia española se sumó al carro del fascismo, colaborando en derribar la República, participando de forma activa en la Guerra Civil e implantando el nacionalcatolicismo como estado confesional. Utilizando términos litúrgicos, el monseñor aludido ha llenado de improperios a todas las formas de matrimonio que no sea el canónico. Improperios se denominan también a los versículos que se cantan en la salmodia del oficio de Viernes Santo. No es una falta de respeto llamar jerga al vocabulario utilizado por el vocero del episcopado hispano, porque la palabra eunuco toma parte del Evangelio y los improperios son elementos litúrgicos. Podría ridiculizar hasta el infinito la puesta en escena de la hipocresía de un matrimonio sacramental, pero no lo haré. Ante el altar se celebra la farsa que dicta el guión canónico, para muchos indicado por la presión social y familiar. La Iglesia lo sabe y lo propicia. El matrimonio en cualquiera de sus formas es un contrato, y tiene los mismos efectos civiles. No obstante, este contrato no garantiza el amor y la fidelidad. El contrato de un servicio de telefonía móvil, tampoco evita el fraude y la falta de servicio. La promesa de matrimonio eclesiástico es un compromiso contraído, y eso es un contrato, que sirve para denunciar su incumplimiento. Sólo ofende el que puede, no el que quiere. Ante la potencia legal y democrática de la Constitución Española, las palabras del prelado son un sermón vacío, además de poco ilustrado.

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