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sábado, 9 de agosto de 2014

VICENTE FERRER

San Vicente Ferrer



Sí, ¿por qué no se canoniza a Vicente Ferrer por aclamación universal, como se hacía en los primeros siglos del cristianismo? La presencia de Vicente Ferrer en el tercer mundo, ha sido el vivo reflejo de la vida de un tal Jesús de Nazaret, hace dos milenios. Su liderazgo ha hecho que se perpetúe el cumplimiento de las ocho Bienaventuranzas; vigentes hoy más que nunca en las tierras donde este ex miembro de la Compañía de Jesús, ejerció su única manera de practicar el cristianismo. Si tuviéramos que abrir una causa de beatificación y canonización de Vicente Ferrer, el Abogado del Diablo pondría como impedimentos que: abandonó el celibato y contrajo matrimonio, aunque estos acontecimientos en nada perturbaron su vocación de hacer el bien a los más necesitados, como lo hizo su maestro. No San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas y tampoco los papas contemporáneos; sumos pontífices coronados como jefes de estado temporales. Su modelo fue un trasgresor de la hipocresía y de las leyes opresoras. Jesús, el hijo de José el carpintero. La Iglesia, lejos de declararle santo, es decir de especial virtud y ejemplo, le está ignorando porque se salió de los cánones, leyes de la Iglesia, que nada tienen que ver con las Bienaventuranzas. Sus dos grandes pecados fueron: no prestar ninguna docilidad al poder opresor contra los pobres, los que lloran, los hambrientos, los pacíficos… Y no ocuparse demasiado de los problemas del otro mundo. 




No obstante la globalización ya le ha reconocido su entrega. Sobre todo las gentes que vivieron a su lado. En estas ocasiones se manifiesta de forma más palpable la distancia que hay entre el estamento eclesial y los guerrilleros francotiradores del amor al prójimo. Es imposible que un papa fosilizado en el tiempo pueda entender y mucho menos valorar la obra de Vicente Ferrer y de todos los hombres y mujeres que han luchado por la actualización del mensaje: Ignacio Ellacuría, Monseñor Romero, Juan XXIII, Vicente Ferrer… El disparate se produce cuando se eleva a los altares a Josemaría (lo escribo así por expreso mandato del fundador del Opus Dei) Escrivá de Balaguer, porque ha sido fiel hijo de Roma y además, la obra tiene un Marketing para la creación de santos, a la altura del siglo XXI. Si las canonizaciones se sometieran al veredicto popular, muchos santos se caerían de los altares. La Iglesia debe abandonar su postura arrogante de poseer las llaves de la infalibilidad. Y jamás utilizar a Jesús de Nazaret para manipular la conciencias de los hombres.

Pedro Taracena.  

Teología de la liberación

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