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lunes, 16 de febrero de 2015

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

ASOCIACIÓN MADRILEÑA DE ATEOS Y LIBREPENSADORES- AMAL

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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


Por Pedro Taracena Gil





Esta breve reflexión a modo de ensayo sobre LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN en España, constituye el resumen subjetivo pero argumentado de algunos de los trabajos publicados con motivo de los execrables sucesos de París y Copenhague. La yihad o lucha santa de los musulmanes radicales en el siglo XXI nos hace retrotraernos al Medievo. El Renacimiento de Italia se extendió por toda Europa y el triunfo del Protestantismo marcó una línea divisoria entre los países que; apostando por el uso de la razón se encaminaron hacia el humanismo que discernía entre las tesis del Concilio de Trento, fiel al Papado de Roma y los nuevos estados partidarios de los regímenes laicos. España se homologó con los seguidores de Trento y se convirtió en adalid de la fe cristiana. Después de un breve periodo la República estableció el Estado laico de acuerdo con las democracias que habían triunfado en la Segunda Guerra Mundial. El golpe de estado y la dictadura franquistas, restauraron el maridaje Iglesia-Estado, la alianza trono-altar y la confesionalidad acuñando los términos Santa Cruzada de Liberación y nacionalcatolicismo. 

El fin de la dictadura y la promulgación de una constitución aconfesional, en absoluto permitieron que España abandonara los viejos hábitos del nacionalcatolicismo, abalados por los Acuerdos con la Santa Sede, a todas luces anticonstitucionales. La influencia de la Iglesia en la legislación del Gobierno, así como en los usos y costumbres de los ministros, alimentan la división de los españoles en dos bloques: ciudadanos laicos que han roto con la religión hasta en los eventos sociales que antes se celebraban en el recinto eclesiástico, y españoles que desean que las consecuencias de la conversión de Recaredo en el año 586 permanezcan en vigor en nuestro días. Estas dos formas de ver la religión en España no pueden contemplar los acontecimientos de Charlie Hebdo como lo han hecho los franceses. La República Francesa tiene su origen en la Revolución de 1789 a 1799: El derrocamiento de Luis XVI, perteneciente a la Casa real de los Borbones. La abolición de la monarquía en Francia y la proclamación de la Iª República; encontrándonos en la actualidad en la V República y podemos añadir que los valores que presidieron la era republicana se basaron en la "Declaración de los derechos del hombre". Libertad igualdad y fraternidad constituyen el arraigo del pueblo francés. El laicismo galo se cimenta en la separación entre la Iglesia y el Estado. 

Si volvemos al planteamiento que encabeza este ensayo, sobre la LIBERTAD DE EXPRESIÓN, la reacción del pueblo francés bajo el eslogan, Yo soy Charlie, no se concibe de otra manera. La República Francesa es un Estado independiente de cualquier organización o confesión religiosa en el cual las autoridades políticas no se adhieren públicamente a ninguna religión determinada ni las creencias religiosas influyen sobre la política nacional. En el caso español lejos de ser un Estado constitucionalmente laico, en su artículo 16, apartado 3, dice: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones. Este apartado es obvio que se escribió bajo la influencia del nacionalcatolicismo imperante, heredado del franquismo.

Volviendo al concepto de blasfemia y escarnio que suponen las caricaturas de Mahoma para el Islam, el humor, la crítica y la sátira interpretados bajo el prisma del derecho a la LIBERTAD DE EXPRESIÓN, son iguales si se hicieran del Presidente de la República, de un personaje famoso o del mismo Papa de Roma. Sin embargo, en el caso del Reino de España, la monarquía que es de origen divino y forma parte de la alianza trono-altar, siempre se deja acompañar del rito y el boato eclesiásticos en sus grandes eventos. Es evidente que las autoridades españolas y el pueblo español han condenado los crímenes contra Charlie Hebdo, pero el mismo Ministro del Interior español que acompañó a su colega francés en la manifestación de París, al ser preguntado por un periodista si era Charlie Hebdo, contestó, yo soy Jorge Fernández Díaz. La reacción de este ministro católico confeso refleja la sensibilidad del nacionalcatolicismo. A pesar de que en España la blasfemia, palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos, ha dejado de ser delito a partir del año 1988, aún queda tipificado el escarnio que supone la burla tenaz que se hace con el propósito de afrentar. Si se interpreta que la religión y sus símbolos deben de ser protegidas como si de personas físicas se tratara, estaríamos limitando de alguna forma la LIBERTAD DE EXPRESIÓN. La reacción de Francia ante el fanatismo religioso solamente es comprensible en el Estado laico. Al margen de que los crímenes cometidos sean condenables en cualquier parte del mundo.

Blasfemia en España (Wikipedia) 

Nota: Las aportaciones de Wikipedia no disponen de ningún aval académico y científico, son personas anónimas que plasman lo que creen saber de la materia tratada.  A grandes rasgos estos artículos nos pueden servir de referencia sobre aspectos históricos conocidos por el gran público.  En Internet hay que buscar firmas acreditadas, páginas oficiales, universidades y trabajos científicos.


Condenada por la Inquisición vestida con un sambenito que lleva la cruz de San Andrés (Francisco de Goya).

La blasfemia en España fue considerada un delito público contra Dios castigado desde la Edad Media hasta finales del siglo XX con diversas penas, y del que se ocupaban tanto los tribunales seculares como la Inquisición —hasta su abolición en 1820. A partir de 1988 la blasfemia dejó de ser delito en España, aunque existe el de escarnio de los "dogmas, creencias, ritos o ceremonias" de "una confesión religiosa" (artículo 525 del Código Penal de España).

ARTE, BLASFEMIA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN



JUAN MANUEL DE PRADA ABC. DÍA 16/02/2015

Ya hemos analizado el concepto nihilista de «libertad de expresión» que postula nuestra época, fruto de la conversión de la democracia –loable forma de gobierno– en una religión demente que subvierte cualquier principio moral. Por «libertad de expresión», según este culto religioso degenerado, se entiende una libertad para dañar, injuriar, ultrajar, ofender y blasfemar que el Estado debe proteger y hasta fomentar, de tal modo que los dañados, injuriados, ultrajados y ofendidos se jodan y se aguanten, del mismo modo que se jode y se aguanta Dios, contra el que esta «libertad de expresión» permite blasfemar. Porque para la religión democrática no existe otro dios sino ella misma, ni otros dogmas que los que ella postula; y cualquier otro culto religioso puede ser (¡oh generosidad suma!) tolerado, como se tolera ser fan de Spiderman o de Messi, sin que ello obste para que tal culto pueda ser escarnecido, sus adeptos vilipendiados y su Dios arrastrado por el fango y rebozado de mierda. Así había funcionado, tan campante y risueña, esta «libertad de expresión» durante décadas, haciendo de Dios el payaso de las bofetadas de las misas negras democráticas; pero la irrupción del islamismo ha obligado a tentarse la ropa a los pontífices de la religión democrática.

Y, entretanto, una patulea de pintamonas, juntaletras y caricatos (corifeos de la religión democrática) que nos venden sus esputos como «arte» reclaman su derecho a blasfemar, alegando que el arte es por naturaleza transgresor. Pero ni las birrias de esta patulea son arte ni sus blasfemias son transgresión, por la sencilla razón de que, para que exista transgresión, el artista tiene que revolverse contra una estructura de poder. Y lo que ha hecho durante décadas esta patulea es exactamente lo contrario: no se han revuelto contra una estructura de poder, sino que se han dedicado a dañar, injuriar, ultrajar y ofender impunemente a gente desvalida, y a blasfemar contra Dios, prevaliéndose de una estructura de poder que protege a los ofensores y deja inermes a las víctimas. Esta patulea de pintamonas, juntaletras y caricatos que, al amparo de la religión democrática, ofenden y blasfeman no son transgresores ni parecidas pamplinas, sino aprovechadillos que sacan tajada de sus aspavientos y exabruptos. Pues el auténtico transgresor es una “voz que clama en el desierto”, cuyas osadías sólo le granjean (quien lo probó lo sabe) malquerencias, persecución y oprobio; el auténtico transgresor no es hoy quien blasfema contra Dios, sino el que se atreve a poner en solfa los dogmas sobre los que se asienta la religión democrática, de la que esta patulea son corifeos.

Esta patulea de corifeos valentones se ha dedicado, al amparo de la religión democrática, a asestar lanzadas a moro muerto, para gozar del aplauso del mundo (y de su paga). Y así, acostumbrados a que los cristianos se jodiesen y aguantasen, un día se equivocaron y le asestaron una lanzada… a un moro vivo. Y ahora tiemblan porque el moro vivo está dispuesto a castigar a tiros las birrias que llaman «arte», sin importarle derramar de paso sangre inocente. Pero el dolor que nos provoca la sangre inocente no debe llevarnos a apoyar a esta patulea de pintamonas, juntaletras y caricatos; pues ellos y el moro vivo al que han enardecido son el anverso y el reverso de una misma moneda. La «libertad de expresión» nihilista, como la religión democrática que la ampara, es un culto aberrante que alimenta –como la gasolina alimenta el fuego– el culto aberrante del islamismo. La gente razonable (¡y verdaderamente transgresora!) debe repudiar por igual uno y otro culto por ser ambos taras de la razón; y recordar que nadie es menos indicado para combatir el islamismo que los corifeos de la religión democrática.

nihilismo.
(Del lat. nihil, nada, e -ismo).
1. m. Negación de todo principio religioso, político y social.
2. m. Fil. Negación de toda creencia.
patulea.
(De patullar).
1. f. coloq. Soldadesca desordenada.
2. f. coloq. Gente desbandada y maleante.
3. f. coloq. Muchedumbre de chiquillos.
corifeo.
(Del lat. coryphaeus, y este del gr. κορυφαῖος, jefe).
1. m. Persona que es seguida de otras en una opinión, ideología o partido.
2. m. Director del coro en las tragedias antiguas griegas y romanas.
 caricato.
(Del it. caricato, exagerado).

1. m. Bajo cantante que en la ópera hace los papeles de bufo.

2. m. Actor cómico especializado en la imitación de personajes conocidos.

3. m. Am. caricatura.


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Dos muertos y varios heridos en dos ataques en Copenhague


Un hombre asalta un acto que incluía un homenaje a Charlie Hebdo y las cercanías de una sinagoga

CARLOS YÁRNOZ / AGENCIAS París / Copenhague 15 FEB 2015  


         Policías vigilan el centro de Copenhague tras el segundo tiroteo / REUTERS

Europa sufrió ayer un nuevo ataque terrorista contra la libertad de expresión, uno de los valores fundamentales del continente. Una persona falleció y al menos otras tres resultaron heridas graves en Copenhague cuando un individuo disparó contra las decenas de asistentes a un debate sobre la libertad de expresión y la blasfemia, que incluía un homenaje a la revista satírica francesa Charlie Hebdo. El dibujante sueco Lars Vilks, autor de caricaturas de Mahoma, y el embajador de Francia en Dinamarca, François Zimeray, que participaban en el acto, resultaron ilesos. Horas después, se produjo otro tiroteo, este cerca de la sinagoga más importante de la capital danesa, donde un hombre murió por "varios" impactos de bala en la cabeza. Dos agentes resultaron heridos. El agresor huyó a pie

El debate se celebraba a media tarde en un centro cultural de la capital danesa, cuando el terrorista disparó varias ráfagas a través de las ventanas y la puerta del local. El embajador Zimeray ha contado así lo ocurrido a un alto cargo del Ministerio francés de Exteriores, que ha trasladado la versión a este periódico: “Yo estaba allí para hacer una síntesis, un resumen, del debate a celebrar. Todo transcurría con normalidad y, de pronto, han empezado a disparar. Creo que con fusiles. La gente empezó a tirarse al suelo. Yo me metí debajo de la mesa. Calculo que dispararon medio centenar de tiros. Algunas de las personas quedaron heridas muy graves. Enseguida me fui a una habitación interior y envié un tuit para decir que estaba bien”.


El debate incluía un homenaje a la revista satírica francesa Charlie Hebdo


Las autoridades aún no han dado a conocer la identidad del fallecido, un civil de unos 40 años. Al evento, según contó el embajador, asistían sobre todo miembros de organizaciones no gubernamentales y periodistas. Uno de los heridos graves es policía y los otros dos, agentes del servicio de seguridad que protegían el exterior el centro cultural donde discurría el acto, en el centro cultural de Krudttonden, ubicado al norte de la capital. El evento había sido convocado bajo el título “El arte, la blasfemia y la libertad de expresión” por el Comité Lars Vilks, la organización de apoyo al diseñador. El dibujante, según explica la web del Comité Lars Vilks, había elegido la fecha del evento porque fue un 14 de febrero cuando se emitió la fetua contra el escritor británico Salman Rushdie a raíz de la publicación de su novela Los versos satánicos.

Las fuerzas de seguridad danesas buscan a una persona responsable del ataque que, según las informaciones citadas por la prensa local, ha huido en un coche oscuro. Al parecer, ha disparado entre 20 y 40 tiros con armas automáticas contra el café-centro cultural antes de huir en un coche que ya ha sido localizado vacío por las fuerzas de seguridad. La policía, que en versiones iniciales hablaba de dos terroristas, ha difundido una fotografía del sospechoso, aunque la imagen es poco clara. Creen que se trata de un varón de entre 25 y 30 años, de complexión atlética, alrededor de 1,80 de estatura y "rasgos árabes". El hombre llevaba un arma automática y un pañuelo palestino amarillo, naranja y rojo al cuello, con el que se cubría parte del rostro. Las autoridades creen que podría haber escapado por el puente Oresund, que lleva a Suecia. La policía sueca colabora con la danesa en la investigación del ataque.

El dibujante Vilks, de 68 años, presumiblemente el principal objetivo de los terroristas, es conocido mundialmente desde que en 2007 caricaturizó a Mahoma como un perro. Desde entonces había recibido multitud de amenazas de muerte y contaba con protección policial. El sueco aseguraba hace unos días que tras los atentados contra el Charlie Hebdo (premiado por el Comité Lars Vilks en 2014) las invitaciones que recibe para participar en conferencias y eventos públicos se han reducido.



Vilks, en en su domicilio de Nyhamnslage (Suecia), en 2010. / Efe

Una de las organizadoras del evento de este sábado, la periodista Helle Merete Brix, ha apuntado que los terroristas pretendían atacar a Vilks, que fue protegido por sus guardaespaldas durante el ataque.

En 2010, las policías danesa y sueca detuvieron a cinco sospechosos de estar planeando un atentado contra el periódico danés Jyllands-Posten, el que en 2005 publicó una docena de caricaturas de Mahoma que incendiaron al extremismo islámico en todo el mundo. Los detenidos aspiraban a "matar al mayor número posible de personas", según la policía, en el edificio que acoge al rotativo en Copenhague y que comparte con otros dos periódicos.

El ataque de Copenhague se produce cinco semanas después de los atentados yihadistas en París, donde tres terroristas asesinaron a 17 personas entre los días 7 y 9 de enero. El primero de los atentados se produjo el día 7 por la mañana en la sede de Charlie Hebdo, donde los hermanos Said y Chérif Kouachi mataron a 12 personas, ocho de ellas miembros de la redacción del semanario, atacado y amenazado desde años atrás por publicar caricaturas del profeta Mahoma.

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La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, ha calificado de “acto terrorista” y “acto cínico de violencia” lo ocurrido este sábado en Copenhague. El presidente francés, François Hollande, ha expresado en un comunicado “toda la solidaridad” de Francia con Dinamarca y ha enviado a Copenhague a su ministro del Interior, Bernard Cazeneuve. El titular de Exteriores, Laurent Fabius, ha afirmado que “Francia está junto al pueblo danés en la lucha contra el terrorismo”. “Una vez más, es la libertad la que ha sido atacada en el corazón de una Europa unida para defenderla”, dijo la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.



ENTREVISTA: LARS VILKS | CARICATURISTA SUECO AMENAZADO DE MUERTE POR AL QAEDA

"La religión musulmana no puede quedar exenta de crítica y sátira"

PERE RUSIÑOL Madrid 19 SEP 2007

Lars Vilks (Helsingborg, Suecia, 1946) es un artista irreverente que acaba de entrar en un mercado macabro que ha puesto precio a su vida: 72.000 euros. El fanático que pide su cabeza -el terrorista Abu Omar al Baghdadi, vinculado a Al Qaeda- sube su recompensa hasta los 110.000 euros si al artista se le "sacrifica como un cordero". O sea, si se le degüella.
Vilks quiso poner a prueba los límites del arte y se ha dado de bruces con los límites de la libertad de expresión, con su propia vida en juego. No son buenos tiempos para la sátira. Vilks dibujó a Mahoma con cuerpo de perro, pero ninguna sala quiso exhibir sus caricaturas alegando siempre motivos de seguridad. Entonces, varios periódicos suecos las publicaron y empezaron a llover las condenas de los mismos que en 2006 llamaron a la guerra santa contra el periódico danés Jyllands-Posten por haber publicado caricaturas "ofensivas" del profeta: Irán, Pakistán, Afganistán, Egipto, Jordania, la Organización de la Conferencia Islámica...
"Obviamente, lo que estoy viviendo no es agradable y ya no puedo ni siquiera dormir en casa, pero no tengo miedo"
"Estoy muy contento con la reacción de los musulmanes suecos, que han manifestado tajantemente su rechazo a las amenazas"


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Finalmente, llegó la amenaza envuelta de euros de Abu Omar al Baghdadi, que también ha ofrecido dinero para que se asesine al redactor jefe de Örebro, uno de los diarios que publicó la viñeta. Vilks, que ya no puede dormir en casa por motivos de seguridad, atendió a este periódico en conversación telefónica.
Pregunta. ¿Tiene miedo?
Respuesta. Obviamente, lo que estoy viviendo no es agradable, pero no tengo miedo. La policía se ha tomado en serio las amenazas y ya no puedo dormir en casa; voy cambiando de lugar y me parece todo muy extraño.
P. ¿Cuándo cree que podrá volver a casa?
R. No tengo ni idea. Nadie lo sabe, pero los agentes me han avisado que me prepare porque la situación puede alargarse. Quizá pasarán meses. Y entonces será el momento más peligroso porque ya no habrá nadie tan pendiente de mí...
P. Inicialmente usted se tomó las amenazas con humor. Incluso llegó a decir que le parecía demasiado barato el precio que han puesto a su cabeza teniendo en cuenta las cifras que se mueven en el mundo del arte. ¿Sigue de tan buen humor?
R. Es que el humor forma parte de mi obra y de mi forma de ver la vida. Lo mejor es integrarlo todo en esta clave; incluso esta situación tan extraña. Pero al mismo tiempo estoy preocupado. Sería absurdo negarlo.
P. Todo empezó con la negativa de las galerías de arte sueco a exponer su trabajo, en julio. ¿Qué opina de su actitud?
R. Alegaron motivos de seguridad y lo puedo entender, pero es una equivocación. Su decisión es innecesaria y contraproducente: es la censura lo que hace que el caso llegue a la prensa y el problema crezca. Es esta censura inicial lo que genera reacciones.
P. ¿Se han puesto en contacto con usted tras las amenazas?
R. No, ni lo esperaba.
P. ¿Qué pretendía con su obra? ¿Provocar?
R. Yo soy del mundo del arte y lo que quiero es discutir, debatir. El objetivo inicial afectaba a un público muy limitado: explorar los límites del mundo del arte. ¿Qué puede hacerse? ¿Qué no puede hacerse? ¿Hay que ceñirse a lo políticamente correcto? Éste era mi propósito, pero luego ya pasó todo a otro nivel.
P. ¿A qué nivel?
R. Al de la libertad de expresión. ¿Realmente todo puede ser criticable y objeto de sátira? ¿Debe haber excepciones? ¿Puede haberlas en nuestras sociedades? Es decir, ¿puedo hacer obras que molesten a unos, pero debo evitar entrar en terrenos que molestan a otros? Planteándolo con claridad: ¿debo hacer una excepción con la crítica al islamismo? Mi idea es que nuestras sociedades no pueden aceptarlo: la religión musulmana no puede quedar protegida de la crítica y la sátira.
P. ¿Cómo han reaccionado los musulmanes suecos?
R. Muy bien; estoy muy contento al respecto. En Suecia, las organizaciones musulmanas han manifestado tajantemente su rechazo a las amenazas a través de comunicados muy claros. En todo el país ni una sola voz ha defendido esta actitud intolerante. No se sabe exactamente quién está detrás de las amenazas, pero son exteriores.
P. Parece casi que está satisfecho con los resultados de su, digámoslo así, experimento.
R. Es que desde este punto de vista el balance es positivo. Sólo la ínfima minoría muy extremistas se queda fuera de este consenso. Todos aceptan que no se puede amenazar de muerte a alguien que ha hecho unas caricaturas que no te gustan.
P. Si pudiera volver atrás, ¿dibujaría de nuevo las mismas caricaturas sabiendo las repercusiones que han tenido?
R. Es difícil decirlo, pero creo que sí. Seguí con mi trabajo pese a considerar que esto que ahora sucede podía pasar, por increíble que parezca. Pero están en juego cuestiones muy importantes y el riesgo merecía la pena.
P. ¿No teme que la polémica se vuelva incontrolable, como sucedió en Dinamarca?
R. Este caso es distinto. Aquí no había ninguna agenda política oculta y en Dinamarca no estoy tan seguro de ello. Pero creo que nadie está interesado en que se repita lo que pasó entonces. Desde luego, la sociedad sueca lo ha dejado clarísimo.


Lars Vilks, el domingo en la sede de la televisión pública sueca. / AP


Libertad de expresión y blasfemia (Wikipedia)


EL ÁNGEL CAÍDO
Ricardo Bellver
Foto: Pedro Taracena

Existe una tensión permanente entre libertad política, principalmente en lo relativo a la libertad de expresión y ciertas formas de arte, literatura, discurso y otros actos considerados sacrilegio o blasfemia por una pequeña parte de la población. Y la prueba de que esta tensión no se ha resuelto, se manifiesta en numerosos casos de controversia y conflicto en todo el mundo.

Aunque muchas leyes que prohíben la blasfemia han sido ya abolidas, principalmente en el mundo occidental, permanecen en muchos países y jurisdicciones (ver Ley contra la blasfemia). También en algunos casos, estas leyes están sobre el papel pero no se llevan a la práctica de forma activa.

El tema no puede aislarse del papel de la religión como fuente de poder político en muchas sociedades. En ellas, blasfemar es, no solamente una amenaza a la religión, sino también al orden político existente y, por lo tanto en estos casos, los castigos institucionales y las respuestas populares a la blasfemia tienden a ser más severos y violentos. Un buen ejemplo que demuestra hasta dónde están dispuestos a llegar los fundamentalistas a la hora de castigar a los blasfemos, es el asesinato del cineasta Theo Van Gogh(1957-2004) a manos de un musulmán, en Ámsterdam, por el simple hecho de haber criticado, a través de una de sus producciones, los abusos que cometen millones de musulmanes varones sobre los cuerpos de las mujeres musulmanas.

Es pertinente tener en cuenta que aparte del ejemplo plasmado, han ocurrido otros incidentes en el mundo moderno que han tenido efectos de pánico moral, protestas públicas, persecuciones, llamamiento al asesinato y otras formas de represión política. Algunas de ellas aparecen aquí. Pero antes de plasmar tales ejemplos, debe tenerse en cuenta que hay una corriente de pensamiento que establece, en lo pertinente, que toda ley que castigue la blasfemia es retrógrada, abusiva y violatoria de los derechos humanos, puesto que toda persona tiene derecho a la libertad de expresión.

OPINIÓN
Pérez-Reverte sobre el Islam: “No les quepa duda. Seremos decapitados, tarde o temprano”


POR 
JUANJO AYESTA
 PUBLICADO 17 SEPTIEMBRE, 2012
Pérez-Reverte, que ha conocido como corresponsal buena parte de estos países, no tiene una opinión nada favorable sobre ellos y, sobre todo, sobre lo que en occidente se ha dado en llamar “primavera árabe”, un término que él no tiene tan claro: “Primavera árabe, seguimos diciendo aquí. Cuando lo que viene es el invierno más negro”. 


Pero el análisis del creador de Alatriste es todavía más pesimista: compara el fenómeno actual con la caída del Sha en los 70, que él vivió en primera persona, y recuerda a “todos aquellos idiotas (en Irán, pero también en España) aplaudiendo a Jomeini” que decían que llegaba la libertad, “una libertad cuya administración se confía a curas. Musulmanes o cristianos, da igual. Curas. Calculen la libertad”.
Sin embargo, las palabras más duras las guarda Pérez – Reverte para nuestra propia sociedad, a la que critica incluso con algunas metáforas casi literarias: “Es contradictorio e imposible (y peligroso) disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros”.
Las comparaciones no son precisamente muy positivas: “Supongo que la realidad es simple: van a ganar, porque son fuertes, y jóvenes, y tienen hambre, y desesperación, y fe. Y coraje para luchar”. Mientras que ” nosotros somos viejos, inseguros, demagogos, incultos y cobardes. El niño tiene razón con su pancarta: merecemos ser decapitados”, dice en referencia a un niño que en una manifestación en Sydney pedía con su pancarta: “Decapitad a quienes insulten al profeta”.
“En algo tiene razón el niño”, sigue Pérez – Reverte, “merecemos ser decapitados. Por cantamañanas. Por primaveras”, asegura para insistir poco después: “No les quepa duda. Seremos decapitados, tarde o temprano. Y eso no será más que un acto de justicia de la Historia”.

Patente de corso

Es la guerra santa, idiotas


Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y sonríe, amargo. «No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta». Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con una pistola debajo de la almohada. «Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».

Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia. Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas. Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás. Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron ser preludios de muy negros inviernos. Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el barón Holbach en el siglo XVIII: «Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en general ante nada».

Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el que haya estado allí. Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles. Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta». Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia».

A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te llamen puta. Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe. Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e ir al Paraíso. En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra. Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas. Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio. Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros. 

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